¿Dónde encajan las agencias en el negocio del Metaverso?

Actualidad, Metaverso

¿Dónde encajan las agencias en el negocio del Metaverso?

El premio nobel de psicología, Kahneman, en su reconocido libro Pensar rápido, pensar despacio nos dejó claro que el ser humano tiene un importante componente irracional. Mientras la parte racional es perezosa actuando, pero terriblemente efectiva y metódica, la irracional es espontánea, rápida, impactante, pero se equivoca más.

El célebre McLuhan, cuando revolucionó el concepto de comunicación, añadió a esta idea el hecho de que el pensamiento racional, ordenado y lineal, de definiciones precisas y unívocas, provenía de la imprenta y de la lógica de Newton.

Mientras en el mundo no-textual los significados son dinámicos, vivos, relativos, interpretativos o imprecisos, en el mundo científico (y textual) son justo lo contrario. Autores como Fisher en storytelling o White y Epson en psicología narrativa, pulieron esta idea hasta el extremo de diferenciar el lenguaje científico del narrativo.

En nuestro día a día, sea hablando entre nosotros, en redes sociales, o redactando un post como este, usamos el lenguaje narrativo. Es decir: el rápido, impreciso, relativo, lleno de significados y matices distintos. Y ese lenguaje nos ha conducido a usar la palabra metaverso de una manera no unánime.

Es decir: no tenemos claro qué significa.

Esto representa un problema. Si queremos construir algo nuevo, o si esa novedad ha aparecido en nuestra vida, debemos darle un nombre y un significado que la explique. No es igual decir que algo es rojo a decir que es colorado, escarlata, bermellón, encarnado o carmesí.

Existen matices en lo que parece igual a primera vista, pero todos notamos las diferencias de una manera intuitiva. Si no ponemos orden a esos matices, se abrirán tantas definiciones e interpretaciones como personas usen esas ideas.

Por lo tanto, para edificar en firme es necesario partir de unas definiciones consensuadas —unos «constructos»—, es decir, saber que todos estamos hablando de lo mismo y nos estamos entendiendo.

Eso son las definiciones universales.

El metaverso ha nacido por sí solo, por la acción de miles de personas actuando espontáneamente, y no ha habido industria, asociación, fabricante o gremio profesional que se haya parado a definir con precisión de qué estamos hablando.

Muchas veces asistimos a explicaciones que parecen propias de Cantinflas, llenas de giros, redundancias, contradicciones y confusión.

¿La consecuencia? Prescriptores, usuarios y agencias de marketing se llenan ellos solos —y nos llenan— de sesgos y prejuicios, pues cada uno interpreta la realidad como buenamente sabe o puede.

Y a día de hoy, parece haber un metaverso por persona. Incluso, a modo de anécdota, diré que ayer un poeta me dijo que eso de los metaversos ya estaba inventado: era hacer versos que hablaban de versos. Y en su campo de experiencia, tiene razón.

La indefinición crea caos y confusión, inseguridad, inestabilidad, suspicacia. En ese batiburrillo:

  •  ¿Cómo podemos vender soluciones si ni sabemos dónde o para qué fin las estamos vendiendo?
  • ¿Nos podemos fiar de un oportunista que trata de ofrecernos algo diseñado exclusivamente para el metaverso?
  • Y como empresarios, ¿le pedimos a una agencia o a un consultor que nos haga un metaverso en quince días como el de Vodafone que llevó un desarrollo de un año y medio?

Aunque actualmente hay muy buenas productoras para crear mundos virtuales en el metaverso —como  Virtual Voyagers, premio al mejor desarrollo realidad aumentada y virtual en metaverso 2022, otorgado por el Diario La Razón— el desarrollo de uno es tarea ardua.

Porque si bien existe un único Gran Metaverso, este está compuesto de pequeños mundos virtuales, como una célula compuesta a su vez de moléculas, o como internet está compuesta de miles de pequeñas redes de comunicación digital.

Para la creación de un mundo virtual no basta con diseñar y ejecutar una campaña promocional fuerte en la que aparezca la palabra metaverso por todas partes.

De hecho, como bien indica Edgar Martín-Blas –CEO de Virtual Voyagers-  su creación está más cerca de las narrativas de los parques temáticos o de la propia de los videojuegos. Un profesional de estas disciplinas, de hecho, parte con ventaja, porque tiene más clara una definición de qué es el metaverso.

Cuando una agencia o intermediario vende soluciones tecnológicas sin dominar la tecnología, los tiempos de desarrollo y el despliegue que suponen, el problema está servido y lo conocemos todos: cliente descontento, descrédito hacia la solución propuesta e incluso problemas financieros por mala rentabilidad del proyecto.

No podemos ser atrevidos con este tema y lanzarnos al vacío firmando proyectos porque —y esto lo sabemos— una gran parte de ellos son inviables creativa, tecnológica y económicamente. El punto final de este proceso se ve enseguida: se empieza a correr la voz de que eso del metaverso es una estafa y se terminan las oportunidades.

Pero las cosas nunca son del todo nuevas y algo así ocurrió con la domótica cuando el término comenzó a extenderse a principios del año 2000: se vendía la lana cuando aún ni había demasiadas ovejas que trasquilar. Algunos instaladores, prescriptores, arquitectos, almacenistas de material eléctrico, etc,  ofrecían proyectos de domótica sin saber qué era, lo que podía hacer y cuáles eran sus límites. Algunos presentaron proyectos con funcionalidades erróneas y presupuestos equívocos y cuando el mercado explotó, los fabricantes de domótica se vieron obligados a formar y certificar oficialmente a esos prescriptores para rescatar, al menos, los restos del naufragio. Gracias a eso, comenzó a entenderse bien qué era la domótica y qué limites tenía.

Como en todo, esto no ocurre solo en España. Nos constan casos con el mismo problema en LATAM y USA, en donde se han topado con clientes ávidos de entrar en el metaverso a cualquier precio y nadie sabe bien ni qué es ni qué solución darle a peticiones de ese estilo.

Para tener claro qué es el metaverso y qué puede ofrecer, necesitamos un punto de entendimiento entre las agencias y los especialistas en el metaverso. Solo así construiremos sobre firme. Ya hay voces que apuntan en esa dirección, como la Asociación de Realidad Extendida de España.

En https://marketingenelmetaverso.com/ no somos nadie para definir qué es el  metaverso, pero sí somos alguien para considerar que hay que poner la primera piedra para edificar con orden esta nueva realidad. Y para ello, nos atrevemos a dar un paso adelante e identificar qué necesita desarrollar una industria para ser sostenible en una nueva realidad. Desde nuestro punto de vista, estos aspectos son:

  • Empleo de especialistas.
  • Formación.
  • Dominio de la tecnología que se maneja.
  • Conocimiento de casos de uso y capacidad para crear soluciones ad hoc.
  • Precisión en las funcionalidades, presupuestos y medición de tiempos de desarrollo y despliegue.
  • Decir siempre la verdad. No exagerar. Ser prudente.
  • Código ético y su directa aplicación.
  • Quizás deberíamos hablar de ¿código deodontológico del metaverso?

Como nos enseñó Von Neumann en su teoría de juegos, todo fluye mejor cuando todos ganan. Y por suerte, los más clarividentes como Natalia Ridao, Xoel Vázquez, Edgar Martín-Blas, Marc Pérez, o Pedro Mújica comienzan a entenderlo así y aplicarlo a este nuevo cambio siempre y cuando se den los factores mencionados anteriormente.

La vocación natural de toda agencia es tener clientes, no compradores. Mientras el segundo es momentáneo y espontáneo, puntual, el primero es recurrente, estable, con relación a largo plazo. El segundo alivia nuestro negocio, pero el primero lo mantiene. Si queremos que nuestro prestigio crezca, si queremos posicionarnos como verdaderos asesores del metaverso, tenemos que ofrecer lo que sabemos y lo que podemos. Y eso lo logramos con las guías que ya señalamos: conocimiento, prudencia, ética, que nos llevan al indicador de calidad COPRE.

Pedro Mújica: «El pretender dar solo la idea en un ppt y que luego ya se apañe una empresa «productora» es peligroso en esto que es tan nuevo y con tantas limitaciones, una sola idea mal planteada puede hacer que no se entregue nada»

No sabemos bien qué es el metaverso, porque nadie lo ha definido. Pero sí sabemos lo que no es el metaverso y en lo que se puede convertir si no actuamos en consecuencia y con profesionalidad. Aunando nuestros esfuerzos —y ese es el objetivo de esta web—, podremos hacer de esto un campo apasionante de futuro laboral e innovación. Por eso: las cosas claras y el chocolate (del metaverso), espeso.

Por: Jaime Villalonga

Futurista tecnológico. Apasionado de los nuevos ecosistemas digitales.
Redactor & speaker sobre metaverso, web 3.0, y nuevo marketing.
Aficionado a las criptomonedas, blockchain & NFTs.
Marketing & Communications Manager de profesión.
Mejorar la educación lleva a mejorar el mundo.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.